martes, enero 04, 2011
requiem para la ausencia
martes, diciembre 07, 2010
cartas desde más allá del mundo (II)
IV
Y entonces la sensación mas horrible que al menos yo pudiera describir. Mas horrible que el dolor, que el padecimiento físico, que la soledad, porque en la soledad por lo menos se extraña y se desea a alguien que no llega. La sensación de la que hablo es no extrañar, es sentir que no hay nadie, es no esperar a nada y a nadie, es sencillamente no esperar. Es sentir que el mundo todo, con sus trenes y sus barcos, sus autopistas y sus avenidas, peatones viejos, jóvenes y niños, los semáforos, las bocinas, los periodicos, los tramites, las marchas y las contramarchas, las luchas, la sangre derramada, la sangre que corre secretamente como un rio debajo del asfalto, todo, esta adentro de una botella, que flota sin rumbo en un inmenso oceano, tan inmenso como el universo. Y entonces ¿Qué queda? Aceptarlo. Esta botella es mi mundo, allí las personas que sufren, que sienten, aquí yo que no puedo estar afuera, en el mundo imaginario de los dioses o de los simples hombres que en el otro mundo, arrojaron al oceano esta botella que es el nuestro. Y lo que la gente siente alrededor mío, es real su sufrimiento, es real mi sueño de hacer algo para que ese sufrimiento sea menor ,es real mi propio deseo de no sufrir, de ser feliz. Y aunque la realidad sea una botella que naufraga en el oceano, sigue siendo un mundo, con su propia historia, y yo sigo siendo otra historia tanto mas pequeña, que necesita vivirse y escribirse a si misma
V
Acumulo
Polvo
Grietas
Latas
Libros
Palabras
Silencios
Contemplaciones:
El vaiven de los mares
Y los trenes
Acumulo rechazos
Retazos
Ropa recien limpia
Paisajes
Aire sucio
Sufrimiento
Pequeñas victorias
Cansancio
Besos accidentales
Diplomas
Diagnosticos
Pronosticos reservados
Declaraciones imprudentes
Acumulo lagrimas
Y lagañas
Acumulo canciones
Palabras
Poemas
Y miles de historias que nunca voy a poder contar
Acumulo pero sé
Que al final del camino
Tendré que arrojarlo todo a la hoguera
Y arroparme en la oscuridad
Para morir
Verbo tan infinitivo
Tan infinito.
VI
Prefiero la incertidumbre. Nunca crei poder escribir algo asi pero es cierto. Hay quienes lo darian todo por conocer el futuro. Por saber que amores, que fracasos, que victorias, que celebraciones y que funerales. Yo prefiero no saber nada de nada. Quien sabe su futuro no puede más que esperarlo cada día con impaciencia, sabiendo que es inevitable. Yo simplemente paso de tal poder. Me basta con la misma certeza que todos tenemos e intentamos olvidar. Que la incertidumbre haga el resto.
VII
En realidad, el dilema es más sencillo que eso. Pienso en la muerte. Pienso en la nada, en la no existencia, en un sueño imposible de ser soñado y sin despertar. Me invade la más absoluta angustia. Cada músculo de mi cuerpo se contrae, se llena de agujas y clavos. Mis dientes se aprietan entre sí, cada fibra de mi mismo se niega a aceptar lo innegable. Pienso entonces en todo lo contrario. Allí esta el amor, esa es la sensación exacta, inmensa, detrás de la cual todos vamos inevitablemente. La pregunta que queda pendiente no es a donde quiero llegar. La pregunta es el como.
sábado, noviembre 27, 2010
resistir
lunes, noviembre 15, 2010
contingencia
lunes, noviembre 01, 2010
cartas desde más allá del mundo (I)
No tengo norte ni sur, no hay en mí nada cardinal, nada que señale las fronteras, los resquicios, los limites o los clivajes que hacen al mundo algo mas que un recipiente vacío. Otra vez es de noche y la luna brilla pálida como un esqueleto de pájaro. Puedo reconocer el cielo violeta y el olor de la hierba humeda, el murmulllo de los insectos que anuncian una tormenta que se avecina desde hace siglos. No hay nada ni nadie alrededor, solo un suelo yermo, sin fisuras, sin pisadas. ¿En que territorio transcurre esta agonía? Imposible saberlo, probablemente en ninguno. Izquierda, derecha, avances, retrocesos, mi cuerpo se ha convertido en el único punto de referencia valido y caminar es ahora un mero movimiento mecanico sin significado alguno. El tiempo es un flujo abstracto, sin instantes, como un un río que desemboca en si mismo. Y mi historia(si es que aún merece tal denominación) una sucesion de descripciones impresionistas, una prueba de ingenio que ya no sabe como nombrar de otra manera lo que permanece siempre inmutable, fiel a si mismo, una tragedia sin sujetos ni sucesos. Este es el resultado inevitable, el fatalismo más obvio cuando una sola sensación (la de que toda sensación es en si misma indescriptible) acapara a todas las otras. Solo caben en este poema los adjetivos reiterados, las reflexiones girando en falso, la más-turbación filosofica y la crónica del hartazgo, en fin, la escritura como informe sucinto de una vida que sigue ocurriendome una y otra vez, a pesar de nada.
II
Tres mil millones de mis latidos. Al fin y al cabo solo tengo eso. Vivo porque vivo, porque la vida es algo que me pasa, que está mas allá de toda discusión. Y entonces volver a buscar entre los escombros, volver a revolver las ropas viejas, que ya no me quedan. Sigue la maquina de escribir allí. Sigue, con sus teclas de alfiler, esperando a que me siente frente a ella a escribir. Y en cada pinchazo el dolor, que es lo que hace que escribir se asemeje a estar vivo. Escribir es algo que se siente, cada palabra es un pinchazo, una pequeña sensación y la escritura, una tarea dolorosa, sacrificada. 27 teclas. Tres mil millones de latidos. Una hoja en blanco que espera ansiosa porque la historia volvió otra vez al principio. Llegó la hora de reescribirme, para poder seguir viviendo. Llego la hora de seguir viviendo, para poder reescribir mi vida desde el principio.
III
Porque la escritura como la vida no puede ser como construir un castillo. No puede ser algo planificado, una reflexión admirable que nos deja la expresión perpleja ante la moraleja más vieja y obvia que no se nos había ocurrido pensar. La escritura debe ser saliva y sudor, sangre, petalos de margarita, debe ser ingenuidad, duda, busqueda por la mera busqueda, metas inciertas, metaforas que no conducen en ultima instancia más que a sí mismas. 27 teclas. Un lazo en el dedo que me recuerda que debo recordar algo. Vivo siento respiro miento ¿En donde se esconde la razón última de lo que escribo? En la vida misma ¿En donde la razón ultima de que yo viva? En la escritura. Dialogo de sordos que no puede llevar más que a un solo sitio: Que siga escribiendo, que siga viviendo. Un sistema que funciona fallando hasta el absurdo infinito.