lunes, abril 01, 2013

(sin titulo)

el sabor de la sangre
el olor a sal impregnado en la nariz
la boca seca
las manos rasgadas
el recuerdo fotografico
de una playa azul anochecida
de una luna palida como el hueso
una sombra siniestra acercándose
mi propia silueta escpando
internándose en el mar oscuro
y al cabo parpadear
como una película que salta de escena
subitamente
el peso de la realidad
abalanzándose sobre mí
de pronto la ropa engrisecida
el café recalentadisimo
el trajín de los trenes absurdos
no hay romanticismo
en esta cadencia monocorde
no hay nada que me merezca
una palabra embelesada
nadie que me signifique
el reverso de esa playa
de esa luna, de ese café y esta monocromía
y sin embargo
tengo que escribir
tengo que querer
tengo que
porque la quietud
es la muerte por un instante
y yo quiero vivir cada segundo
como si estuviera vivo.

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