sábado, diciembre 17, 2005

Rivera

Miraba la rivera con curiosa paciencia. En el horizonte, una tierra lejana se extendia hacia el oriente, hacia donde la vista no alcazaba a vislumbrar las costas. Las palomas sobrevolaban el cielo gris y reposaban cada tanto sobre la rambla de piedra esperando que alguien les arrojara , con intencion o como accidente migajas de pan o restos de pescado.
Los pescadores caña en mano, esperaban(¿En vano?) pacientemente la recompensa de su ancestral paciencia y su temple divino. El tiempo que llevaban alli era incalculable, quizá siglos , quizá minutos
Los vendedores de garrapiñadas tenian los ojos hechos una catarata de lagrimas por el humo azucarado que los hacia sollozar pero alli seguian , pues todo en ese paisaje debia ser inalterable ,todo debia permanecer fiel y estatico, como por mandato divino.
Y él, viejo, belludo, canoso y arrugado, se mantenia siempre erguido y de pie , contemplando silencioso las inquietas ondulaciones en el rio marron. Como una gigantesca pantalla reposada, en ellas podia observar su reflejo, el de los edificios que lo rodeaban y que lo rodearon en alguno de los dias que lo pasaron por un costado sin que atinara a girar el cuello. Todos estaban ahí, todo estaba ahí, en las aguas turbias y oscuras que bamboleaban incontenibles, como queriendo borrar con sus oscilaciónes nerviosas aquellos reflejos

Pero un dia, el viejo hombre se canso de la condena eterna de observar (y añorar sin remedio) los dias felices del pasado en el movimiento ondulatorio de las aguas. Se canso de su soledad y decidio cambiar aquel monotono paisaje para siempre. Asi, el viejo espiritu soplo con brio la brisa, derramo esforzadamente una lagrima que se hizo muchas lagrimas y luego una torrencial lluvia , se despojo de sus viejas ropas y harapos que cayeron al suelo como las hojas de muchos arboles y se lanzo a la corriente. El agua estaba tan baja que apenas le llegaba la cintura. Y se alejo caminando hacia el horizonte, con las aguas y el barro cada vez mas cerca de su rostro, mientras el cielo gris se volvia azul oscuro, mientras los pajaros volaban a sus nidos porque ya se hacia de noche y las flores nocturnas , abrian sus capullos como en una reverencia, como en un saludo. Y aunque los pescadores seguian alli, , y tambien los carros de garrapiñada seguian alli asi como la brisa, las hojas, la lluvia, la rambla, y el rio, mientras el viejo espiritu se perdia paso a paso en las aguas eternas, a lo lejos la otra costa , saludaba al sol detras del infranqueable murallon de nubes.

Dicen que dicen que todo, absolutamente todo cambia. Y cuanto habra de verdad en esas palabras que hay ocasiones especiales y magicas en las que hasta los viejos cuadros que cuelgan siempre tan pacificos y conservadores en nuestros muros , (cuando la gente los agota y los enfada con su indiferencia insolente) se rebelan contra los colores y las texturas y deciden por cuenta propia cambiarlo todo. Y cuando lo hacen, por mas que miremos una y otra vez para asegurarnos de que no estamos locos, a uno u otro lado de esa costa, a uno y a otro lado de aquel marco, a uno y a otro lado de nuestras pupilas, ya nunca mas vuelven a ser lo mismo...

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