lunes, marzo 12, 2007

Mañana en el abasto

A este texto le puse como un tema de Sumo, uno de los mas simbolicos del rock nacional. Intuyo que algo que ver tendra ¿No?. Que noche la de anoche Bariloche.

Mañana en el abasto

Algo de irreal flotaba inmerso en aquella noche. Podía presentirlo, estaba justo a punto de descubrir que era, pero mientras tanto en el mundo exterior, todo proseguía sin mayores inconvenientes de acuerdo al plan. Payasos risueños se desparramaban líquidos de colores brillantes unos a otros. Voces guturales se multiplicaban hasta de abajo del piso y de atrás de las paredes. Mujeres trapecistas se contorsionaban elásticas y audaces entre las sombras. Nada, absolutamente nada era casual en aquella fiesta tan extraña y tan convenientemente igual a todas a la vez. Pero algo había de irreal divagaba imprecisamente por el aire, y yo lo desabriría tarde o temprano, estaba convencido. Alerta. Quizás fuese aquél cigarro apagado entre dedos temblorosos, luego encendido, luego apagado de nuevo. O tal vez aquel par de labios que encontraban al fin un oasis en un desierto que se figuraba infinito. Quien sabe, hasta podía ser la luna, siempre la luna, mirando desdeñosa desde arriba mientras yo le aullaba en secreto. Si lo más probable es que fuera aquella esencia el absurdo que tanto buscaba, aunque fuese demasiado arenosa, demasiado escurridiza como para retenerla y observarla a contraluz y solo después concluir con algún grado de certeza. Hasta la calle, vacía y repentina tenía su cuota virginal de fantasía. Sobre todo aquella mujer como surgida de debajo del asfalto, esa ogra tenebrosa habitante de algún bosque de cuentos infantiles, con su cara infladísima de sueños de alcohol, de odio y de humo, sobre todo de humo negro fríamente calculado, como la dosis letal de una anestesia para los sentidos. Conclusión: todo en aquella madrugada rebalsaba de artificio. Nada podía tocarse directamente, nada podía hacerse o deshacerse a gusto entre las manos. La noche misma caminaba en puntitas de pie por un piolín colgado de ventana a ventana, un equilibrio tan delicado como un silencio. Entonces un tren que llega velozmente, y lo rompe todo de un solo impacto. Se abre, se cierra y se aleja rotundamente. Y esa noche que de real tenía solo lo justo, solo lo necesario (es decir, pocopoquitonada) se cae del piolín y se vuelve pedacitos que me cortan los pies. Y la luna-siempre-luna se torna cobriza y mugrienta, el cielo oscuro se aclara y se destiñe, en un gris predecible igual al anterior y el que le sigue. Y entender con pesar que acaso aquel amanecer reiterado, sea lo único que me queda siempre a fin de cuentas, y que cada madrugada, mientras inútilmente yo busco solo porque si, otro tren se va, otra luna blanca se me vuelve en los ojos una mugrosa bola roja, otra noche calma e incierta se prende fuego furiosa y me quema los huesos otra vez y una. Una (y otra) y otra vez.

3 comentarios:

Fabro R. T. dijo...

¡Hey! ¡Superna coincidencia!

¡Yo también hablo de un supuesto circo con payasitos y guturaciones en el texto que publiqué ayer!

Emocionante. Jejeje.

http://ubbiar.fotolog.net/sayyesart
/parlesindiens
/parlesartistes
/parlesvivants

mi otro yo dijo...

Hola!
solo quería avisarte que vine devolviendo vistas y a leerte un poco.

Saludos!

tincho dijo...

"Y todo aquello que de real tenía solo lo justo, solo lo necesario (es decir, pocopoquitonada)..."

A veces es tan neceserio que la vida solo tenga un poquito de real, tan poquito como tu pocopoquitonada.

Muy bueno!!!

Abrazo

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