Otro 24 de marzo, el Nº31. Usualmente los aburriria con una extensa columna de opinion que diria casi lo mismo a la del año anterior. No esta vez. El blog es ahora estrictamente literario, asi que quisiera conmemorar con literatura. ¿Conocen el Centro de Detención Club Atletico? De no ser asi, ya va siendo hora que se peguen una vuelta. He aqui el poema. He aqui mi piedrita para la cantera de la memoria. 30.000 compañeros detenidos desaparecidos, presentes. Hoy y siempre
Las Manos
manos
miles y miles
de manos
pululando
en la oscuridad
de este cuarto sin ventanas
ni luz alguna
sus cinco dedos
cartilaginosos
dilatados
como de maniquí
toda la trama
carnosa
latente
de su piel tensa
su maraña de nervios
sus músculos laxos
manos meticulosas
como de autómata
con sus flejes y goznes
con sus engranes y válvulas
rechinando de oxido
en aquella habitación
tan húmeda y sorda
toda su extensión
escudriñando las tinieblas
enajenadas
frenéticas
buscando
la punta de alguna soga
algún ganchito de anzuelo
la tapa de alguna alcantarilla
alguna salida posible
la que sea
de aquel calabozo
manos rojas
manos blancas
y marrones
todas de un solo color
sin-color
la no-luz
de un sol profundo
violeta y azul
imaginario
otro segundo otro minuto otro día otra semana
pasan...
imperceptibles
y sus dedos negros
como el corazón de la tierra
se cierran en un puño
y golpean furibundas
y luego procuran a tientas
con el pulgar y el meñique
aferrarse
porque abajo sino
el abismo aguarda impaciente
su boca abierta los dientes puntiagudos
la baba chorreando de sus fauces
y cuando los bordes nunca alcanzan
desesperadas
se pellizcan
se trituran
se retuercen
hasta la carne viva
miles de manos
que ya no acarician
ya no recorren despacito
la ternura de otra piel
que ya no escriben
ni disparan ni martillan
ya no tocan las guitarras
los tambores o las arpas
tanto miedo tienen
que con las uñas afiladas
las unas a las otras
las otras a las unas
se despellejan
se machacan
se trituran
y se quedan ahí
tiradas
gangrenosas
y roñosas de sangre
y todas
manitos y manazas por igual
son ya una unica mano moribunda
que se aferra
y se balancea en la negrura
desde la punta
hasta la punta
esa punta
que busca
siempre busca
alguna soga
algun ganchito de anzuelo
la tapa de alguna alcantarilla
alguna salida posible
la que sea
de aquel calabozo
sábado, marzo 24, 2007
lunes, marzo 12, 2007
Mañana en el abasto
A este texto le puse como un tema de Sumo, uno de los mas simbolicos del rock nacional. Intuyo que algo que ver tendra ¿No?. Que noche la de anoche Bariloche.
Mañana en el abasto
Algo de irreal flotaba inmerso en aquella noche. Podía presentirlo, estaba justo a punto de descubrir que era, pero mientras tanto en el mundo exterior, todo proseguía sin mayores inconvenientes de acuerdo al plan. Payasos risueños se desparramaban líquidos de colores brillantes unos a otros. Voces guturales se multiplicaban hasta de abajo del piso y de atrás de las paredes. Mujeres trapecistas se contorsionaban elásticas y audaces entre las sombras. Nada, absolutamente nada era casual en aquella fiesta tan extraña y tan convenientemente igual a todas a la vez. Pero algo había de irreal divagaba imprecisamente por el aire, y yo lo desabriría tarde o temprano, estaba convencido. Alerta. Quizás fuese aquél cigarro apagado entre dedos temblorosos, luego encendido, luego apagado de nuevo. O tal vez aquel par de labios que encontraban al fin un oasis en un desierto que se figuraba infinito. Quien sabe, hasta podía ser la luna, siempre la luna, mirando desdeñosa desde arriba mientras yo le aullaba en secreto. Si lo más probable es que fuera aquella esencia el absurdo que tanto buscaba, aunque fuese demasiado arenosa, demasiado escurridiza como para retenerla y observarla a contraluz y solo después concluir con algún grado de certeza. Hasta la calle, vacía y repentina tenía su cuota virginal de fantasía. Sobre todo aquella mujer como surgida de debajo del asfalto, esa ogra tenebrosa habitante de algún bosque de cuentos infantiles, con su cara infladísima de sueños de alcohol, de odio y de humo, sobre todo de humo negro fríamente calculado, como la dosis letal de una anestesia para los sentidos. Conclusión: todo en aquella madrugada rebalsaba de artificio. Nada podía tocarse directamente, nada podía hacerse o deshacerse a gusto entre las manos. La noche misma caminaba en puntitas de pie por un piolín colgado de ventana a ventana, un equilibrio tan delicado como un silencio. Entonces un tren que llega velozmente, y lo rompe todo de un solo impacto. Se abre, se cierra y se aleja rotundamente. Y esa noche que de real tenía solo lo justo, solo lo necesario (es decir, pocopoquitonada) se cae del piolín y se vuelve pedacitos que me cortan los pies. Y la luna-siempre-luna se torna cobriza y mugrienta, el cielo oscuro se aclara y se destiñe, en un gris predecible igual al anterior y el que le sigue. Y entender con pesar que acaso aquel amanecer reiterado, sea lo único que me queda siempre a fin de cuentas, y que cada madrugada, mientras inútilmente yo busco solo porque si, otro tren se va, otra luna blanca se me vuelve en los ojos una mugrosa bola roja, otra noche calma e incierta se prende fuego furiosa y me quema los huesos otra vez y una. Una (y otra) y otra vez.
Mañana en el abasto
Algo de irreal flotaba inmerso en aquella noche. Podía presentirlo, estaba justo a punto de descubrir que era, pero mientras tanto en el mundo exterior, todo proseguía sin mayores inconvenientes de acuerdo al plan. Payasos risueños se desparramaban líquidos de colores brillantes unos a otros. Voces guturales se multiplicaban hasta de abajo del piso y de atrás de las paredes. Mujeres trapecistas se contorsionaban elásticas y audaces entre las sombras. Nada, absolutamente nada era casual en aquella fiesta tan extraña y tan convenientemente igual a todas a la vez. Pero algo había de irreal divagaba imprecisamente por el aire, y yo lo desabriría tarde o temprano, estaba convencido. Alerta. Quizás fuese aquél cigarro apagado entre dedos temblorosos, luego encendido, luego apagado de nuevo. O tal vez aquel par de labios que encontraban al fin un oasis en un desierto que se figuraba infinito. Quien sabe, hasta podía ser la luna, siempre la luna, mirando desdeñosa desde arriba mientras yo le aullaba en secreto. Si lo más probable es que fuera aquella esencia el absurdo que tanto buscaba, aunque fuese demasiado arenosa, demasiado escurridiza como para retenerla y observarla a contraluz y solo después concluir con algún grado de certeza. Hasta la calle, vacía y repentina tenía su cuota virginal de fantasía. Sobre todo aquella mujer como surgida de debajo del asfalto, esa ogra tenebrosa habitante de algún bosque de cuentos infantiles, con su cara infladísima de sueños de alcohol, de odio y de humo, sobre todo de humo negro fríamente calculado, como la dosis letal de una anestesia para los sentidos. Conclusión: todo en aquella madrugada rebalsaba de artificio. Nada podía tocarse directamente, nada podía hacerse o deshacerse a gusto entre las manos. La noche misma caminaba en puntitas de pie por un piolín colgado de ventana a ventana, un equilibrio tan delicado como un silencio. Entonces un tren que llega velozmente, y lo rompe todo de un solo impacto. Se abre, se cierra y se aleja rotundamente. Y esa noche que de real tenía solo lo justo, solo lo necesario (es decir, pocopoquitonada) se cae del piolín y se vuelve pedacitos que me cortan los pies. Y la luna-siempre-luna se torna cobriza y mugrienta, el cielo oscuro se aclara y se destiñe, en un gris predecible igual al anterior y el que le sigue. Y entender con pesar que acaso aquel amanecer reiterado, sea lo único que me queda siempre a fin de cuentas, y que cada madrugada, mientras inútilmente yo busco solo porque si, otro tren se va, otra luna blanca se me vuelve en los ojos una mugrosa bola roja, otra noche calma e incierta se prende fuego furiosa y me quema los huesos otra vez y una. Una (y otra) y otra vez.
jueves, marzo 01, 2007
Querer
I
No le creo al sol, no le creo. Sino lo toco no es real, lo que no quiere decir que no exista. Solo que el sol no es innegable y por lo tanto, no es real.
Abstracto, intangible. El sol es la luz que (como rezan los libros viejos) sale de los ojos mismos. Ese es el sol auténtico. Al otro no le creo. Ahí tan alto e indiferente. No le creo. En cualquier momento se cae, se cae como una pelota roja y grande de vidrio absurdo y se vuelve mil pedacitos puntiagudos que me cortan los pies. No le creo al sol, pero tampoco me rehúso de su lumbre. Mejor mentirme que juntar los pedazos naranja y verde de la tarde. Mejor mentirme.
II
Conozco a una mujer deshabitada. Tiene el alma desierta, seca como un jardín de luna. En sus ojos alguna vez faroles vivaces, ni gota de ese incógnito resplandor.
Sobre ella cada día, un sol irreal e intrascendente la espera - no le creo al sol no le creo – y ella lo parpadea de a grandes sorbos y se va a volar.
Una vez y por un instante lo tuvo todo. El tacto de un par de manos cálidas, la mirada fiel de unos ojos lluviosos, los besos de un abismo sin labios. Entre sus dedos lo tuvo, pero prefirió volar. Alta, seca y distante, dentro de su cáscara de nuez. Lo tuvo todo y prefirió perderlo. Lo tuvo todo, pero se fue entre vuelos.
III
Duele querer-cantar y que no haya espacio. Duele la rabia la asfixia que aprieta que encierra que asfixia que calla que mata que perfora y atornilla. Que duele
Porque Toda canción se inscribe en el silencio. Silencio necesario que como hoja en blanco aguarda presuroso un desenlace. Una voz que irrumpa en el vacío. Una respiración. El tacto que busca el ruido que busca el tacto que busca el ruido. Algo. Alguien. Que sea quien sea, pero quien sea, que sea de una vez.
IV
y al final tantas ansias de otra piel…
pero no de cualquier otra piel
OTRA
piel
sin abismos ni prisas
(ni lunes ni hastíos)
mas allá del tacto del
desencuentro-intangibilidad
que cuando vos estés ya no sea
y hacernos silencio entre todo este ruido los dos
hacernos
como un bollito de sombra los dos
hacernos
deshacernos
los dos
hacernos
deshacernos
(los dos).
V
De ninguna manera, Querer no se dice en infinitivo. Precisa de persona, de lugar, y tiempo. Sobre todo de tiempo precisa querer. Querer es eso que no puede más que escribirse entre seudónimos y alegorías. Querer mancha la ropa y la piel de dulzura y de nostalgia. Querer no cabe. Entre los renglones de la agenda, entre los cuadritos de un calendario, no cabe. “Te quiero”, no se dice relojeando la prisa. Se dice sin miedo a empalagarse de rosa y blanco dulzón. Sobre todo cuando hace frío y hace tiempo se dice “te quiero”. Sobre todo cuando hace tiempo. Porque Querer necesita del tiempo como la canción al silencio. Y como el silencio a la canción
VI
Y mataría a cualquiera, hasta a ella, de a muy poco para volar más alto todavía. Hasta golpearse contra el celeste del raso y volver. Entonces ya no tendría las palabras que optó por tirar. Esas ganas de ser y de no ser y que tuvo que dejar atrás para no despertar de repente en este inframundo. Y seria la nada igual que ellos, pero mas triste aun, porque en el fondo todas esas sombras que atesora indelebles - pertenencia del pez a la jauría - jamás la dejarían sentirse marea. Mejor que cierre los ojos y que vuele. Mejor que vuele alto que si deja de volar se da cuenta de que todo es mentira, que hasta el mismo sol es mentira. Hasta que la noche se asome cruda pero cierta, mejor que vuele. Mientras pueda cerrar los ojos bien fuerte, hasta que el sol se caiga y la noche se aparezca certera, que vuele
Hasta que algún día.
VII
Porque este mamarracho de voces y ruido blanco no es silencio. Es maraña y punto. Sin grietas ni espacios, maraña y punto.
Y después del punto la historia no sigue
SE-TER-MI-NA
No sigue.
No hay espacio para escribir después del punto. Aunque sobren los reglones, el punto ha dicho. Y nadie dice nada después del punto. No sigue la historia, no sigue. Se termina. Nadie dice nada. No sigue.
Nadie
dice nada
No sigue
Se termina.
(y punto)
.
No le creo al sol, no le creo. Sino lo toco no es real, lo que no quiere decir que no exista. Solo que el sol no es innegable y por lo tanto, no es real.
Abstracto, intangible. El sol es la luz que (como rezan los libros viejos) sale de los ojos mismos. Ese es el sol auténtico. Al otro no le creo. Ahí tan alto e indiferente. No le creo. En cualquier momento se cae, se cae como una pelota roja y grande de vidrio absurdo y se vuelve mil pedacitos puntiagudos que me cortan los pies. No le creo al sol, pero tampoco me rehúso de su lumbre. Mejor mentirme que juntar los pedazos naranja y verde de la tarde. Mejor mentirme.
II
Conozco a una mujer deshabitada. Tiene el alma desierta, seca como un jardín de luna. En sus ojos alguna vez faroles vivaces, ni gota de ese incógnito resplandor.
Sobre ella cada día, un sol irreal e intrascendente la espera - no le creo al sol no le creo – y ella lo parpadea de a grandes sorbos y se va a volar.
Una vez y por un instante lo tuvo todo. El tacto de un par de manos cálidas, la mirada fiel de unos ojos lluviosos, los besos de un abismo sin labios. Entre sus dedos lo tuvo, pero prefirió volar. Alta, seca y distante, dentro de su cáscara de nuez. Lo tuvo todo y prefirió perderlo. Lo tuvo todo, pero se fue entre vuelos.
III
Duele querer-cantar y que no haya espacio. Duele la rabia la asfixia que aprieta que encierra que asfixia que calla que mata que perfora y atornilla. Que duele
Porque Toda canción se inscribe en el silencio. Silencio necesario que como hoja en blanco aguarda presuroso un desenlace. Una voz que irrumpa en el vacío. Una respiración. El tacto que busca el ruido que busca el tacto que busca el ruido. Algo. Alguien. Que sea quien sea, pero quien sea, que sea de una vez.
IV
y al final tantas ansias de otra piel…
pero no de cualquier otra piel
OTRA
piel
sin abismos ni prisas
(ni lunes ni hastíos)
mas allá del tacto del
desencuentro-intangibilidad
que cuando vos estés ya no sea
y hacernos silencio entre todo este ruido los dos
hacernos
como un bollito de sombra los dos
hacernos
deshacernos
los dos
hacernos
deshacernos
(los dos).
V
De ninguna manera, Querer no se dice en infinitivo. Precisa de persona, de lugar, y tiempo. Sobre todo de tiempo precisa querer. Querer es eso que no puede más que escribirse entre seudónimos y alegorías. Querer mancha la ropa y la piel de dulzura y de nostalgia. Querer no cabe. Entre los renglones de la agenda, entre los cuadritos de un calendario, no cabe. “Te quiero”, no se dice relojeando la prisa. Se dice sin miedo a empalagarse de rosa y blanco dulzón. Sobre todo cuando hace frío y hace tiempo se dice “te quiero”. Sobre todo cuando hace tiempo. Porque Querer necesita del tiempo como la canción al silencio. Y como el silencio a la canción
VI
Y mataría a cualquiera, hasta a ella, de a muy poco para volar más alto todavía. Hasta golpearse contra el celeste del raso y volver. Entonces ya no tendría las palabras que optó por tirar. Esas ganas de ser y de no ser y que tuvo que dejar atrás para no despertar de repente en este inframundo. Y seria la nada igual que ellos, pero mas triste aun, porque en el fondo todas esas sombras que atesora indelebles - pertenencia del pez a la jauría - jamás la dejarían sentirse marea. Mejor que cierre los ojos y que vuele. Mejor que vuele alto que si deja de volar se da cuenta de que todo es mentira, que hasta el mismo sol es mentira. Hasta que la noche se asome cruda pero cierta, mejor que vuele. Mientras pueda cerrar los ojos bien fuerte, hasta que el sol se caiga y la noche se aparezca certera, que vuele
Hasta que algún día.
VII
Porque este mamarracho de voces y ruido blanco no es silencio. Es maraña y punto. Sin grietas ni espacios, maraña y punto.
Y después del punto la historia no sigue
SE-TER-MI-NA
No sigue.
No hay espacio para escribir después del punto. Aunque sobren los reglones, el punto ha dicho. Y nadie dice nada después del punto. No sigue la historia, no sigue. Se termina. Nadie dice nada. No sigue.
Nadie
dice nada
No sigue
Se termina.
(y punto)
.
martes, febrero 13, 2007
loquemepasa
me pasa
que todo me pasa
siempre por al lado
y vos
veloz
que siempre te estás yendo
cuando recién acabás de llegar
me pasa
que todo se me resbala
se me derrite
se me escurre
como el agua
por un colador
pero la piel se queda
el hueso la carne
el corazón del asunto
se quedan
y los instantes
como escenas de una sitcom de bajo presupuesto
repetida hasta el cansancio
se quedan
y yo mismo me quedo
y observo
mero espectador repetido
y nada absolutamente
nada más
siempre desde este afuera
que no es nunca
ni el primero ni el último
y el después
(figurita repetidísima)
que tanto se parece al antes
y el ahora que transcurre
y se escurre
y nunca es ahora
que nunca es siquiera
y todo esto ergo
un embrollo filosófico de aquellos
porque al final
lo que pasa
es que nada me pasa
que todo me pesa
y yo sigo igual
que todo me pasa
siempre por al lado
y vos
veloz
que siempre te estás yendo
cuando recién acabás de llegar
me pasa
que todo se me resbala
se me derrite
se me escurre
como el agua
por un colador
pero la piel se queda
el hueso la carne
el corazón del asunto
se quedan
y los instantes
como escenas de una sitcom de bajo presupuesto
repetida hasta el cansancio
se quedan
y yo mismo me quedo
y observo
mero espectador repetido
y nada absolutamente
nada más
siempre desde este afuera
que no es nunca
ni el primero ni el último
y el después
(figurita repetidísima)
que tanto se parece al antes
y el ahora que transcurre
y se escurre
y nunca es ahora
que nunca es siquiera
y todo esto ergo
un embrollo filosófico de aquellos
porque al final
lo que pasa
es que nada me pasa
que todo me pesa
y yo sigo igual
miércoles, febrero 07, 2007
Buscando
Cancion nueva, retorno de la banda, pronto fecha. Muchas noticias, pero poco nuevo. No se si me explico, y si no lo hago mejor, de eso se trata.
Uy se me escapo algo;
-Talita te llama Manú -dijo Oliveira, agitando la mano como si quisiera desprenderla del brazo.
-Las diferencias entre vos y Talita -dijo Traveler- son de las que se ven palpablemente. No entiendo por qué tenés que asimilar su vocabulario. Me repugnan los cangrejos ermitaños, las simbiosis en todas sus formas, los líquenes y demás parásitos.
-Sos de una delicadeza que me parte literalmente el alma -dijo Oliveira.
-Gracias. Estábamos en que yerba y clavos. ¿Para qué querés los clavos?
-Todavía no sé -dijo Oliveira, confuso-. En realidad saqué la lata de clavos y descubrí que estaban todos torcidos. Los empecé a enderezar, y con este frío ya ves... Tengo la impresión de que en cuanto tenga clavos bien derechos voy a saber para qué los necesito.
-Interesante -dijo Traveler, mirándolo fijamente-. A veces te pasan cosas curiosas a vos. Primero los clavos y después la finalidad de los clavos. Sería una lección para más de cuatro, viejo.
-Vos siempre me comprendiste -dijo Oliveira-. Y la yerba, como te imaginarás, la quiero para cebarme unos amargachos.
-Está bien -dijo Traveler-. Esperame. Si tardo mucho podés silbar, a Talita le divierte tu silbido.
(Rayuela, Capitulo 41)
Bueno ahora si, la cancion.
Buscando
Hoy se disfrazo de hierro y plomo el amanecer
la luz opaca entro por la ventana y desperte
Atrapado en este cuento sin final
Despertame sin sentir el despertar
Latiendo sin pena ni corazon
Y una sola cosa recorde bien como hacer
Como buscar y buscar y nunca entender porque
Esperarte pero sin dejar de andar
Buscarte y buscarte solo por buscar
Busco mi escalera directo al sol
Busco eso que llaman derecho de ciudad
que las calles ya no me lastimen al pisar
que mi nombre cierto dejen de llover
que me digan en que tiempo te escondes
busco mi escalera directo al sol
Busco el tacto tibio de mis dedos sobre otra piel
Esa chispa que anda faltando para arder
Ese fuego que me encienda el corazon
Intentando en vano hallar una razon
Busco mi escalera directo al sol
Busco un tono nuevo para huir hacia el papel
Esa voz que luego reinvento una y otra vez
Escribir hasta aceptar que no hay verdad
Ceder sin reparos a la soledad
Busco mi escalera directo al sol
Y si cada blanca gaviota que se posa
luego abre sus alas y se va
Y si el tiempo se escurre entre mis dedos como arena
que nunca puedo agarrar
Cuanto mas podre virvir esta distancia
Si ni las palabras por si solas alcanzan
Para encontrar un sueño en mi placard
Busco estar un poco aunque sea un poco mas aca
que algun ciego generoso me enseñe a mirar
Protegerme de este frio temporal
A traves del rio llegar hasta el mar
Busco mi escalera directo al sol
Uy se me escapo algo;
-Talita te llama Manú -dijo Oliveira, agitando la mano como si quisiera desprenderla del brazo.
-Las diferencias entre vos y Talita -dijo Traveler- son de las que se ven palpablemente. No entiendo por qué tenés que asimilar su vocabulario. Me repugnan los cangrejos ermitaños, las simbiosis en todas sus formas, los líquenes y demás parásitos.
-Sos de una delicadeza que me parte literalmente el alma -dijo Oliveira.
-Gracias. Estábamos en que yerba y clavos. ¿Para qué querés los clavos?
-Todavía no sé -dijo Oliveira, confuso-. En realidad saqué la lata de clavos y descubrí que estaban todos torcidos. Los empecé a enderezar, y con este frío ya ves... Tengo la impresión de que en cuanto tenga clavos bien derechos voy a saber para qué los necesito.
-Interesante -dijo Traveler, mirándolo fijamente-. A veces te pasan cosas curiosas a vos. Primero los clavos y después la finalidad de los clavos. Sería una lección para más de cuatro, viejo.
-Vos siempre me comprendiste -dijo Oliveira-. Y la yerba, como te imaginarás, la quiero para cebarme unos amargachos.
-Está bien -dijo Traveler-. Esperame. Si tardo mucho podés silbar, a Talita le divierte tu silbido.
(Rayuela, Capitulo 41)
Bueno ahora si, la cancion.
Buscando
Hoy se disfrazo de hierro y plomo el amanecer
la luz opaca entro por la ventana y desperte
Atrapado en este cuento sin final
Despertame sin sentir el despertar
Latiendo sin pena ni corazon
Y una sola cosa recorde bien como hacer
Como buscar y buscar y nunca entender porque
Esperarte pero sin dejar de andar
Buscarte y buscarte solo por buscar
Busco mi escalera directo al sol
Busco eso que llaman derecho de ciudad
que las calles ya no me lastimen al pisar
que mi nombre cierto dejen de llover
que me digan en que tiempo te escondes
busco mi escalera directo al sol
Busco el tacto tibio de mis dedos sobre otra piel
Esa chispa que anda faltando para arder
Ese fuego que me encienda el corazon
Intentando en vano hallar una razon
Busco mi escalera directo al sol
Busco un tono nuevo para huir hacia el papel
Esa voz que luego reinvento una y otra vez
Escribir hasta aceptar que no hay verdad
Ceder sin reparos a la soledad
Busco mi escalera directo al sol
Y si cada blanca gaviota que se posa
luego abre sus alas y se va
Y si el tiempo se escurre entre mis dedos como arena
que nunca puedo agarrar
Cuanto mas podre virvir esta distancia
Si ni las palabras por si solas alcanzan
Para encontrar un sueño en mi placard
Busco estar un poco aunque sea un poco mas aca
que algun ciego generoso me enseñe a mirar
Protegerme de este frio temporal
A traves del rio llegar hasta el mar
Busco mi escalera directo al sol
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